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Noticias Nuestro punto de vista Esforzarse para parecer joven, no gracias

Esforzarse para parecer joven, no gracias

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jovenReivindico el ser adolescente cuado se tiene 16 años, joven cuando realmente se es, y asumir el transcurso de los años con alegría de vivir y sin estúpidos complejos que te hacen realizar patéticas manifestaciones de lo que has podido ser pero ya no eres. Hay que vivir intensamente el presente, porque no hay nada más triste que el intentar recuperar y revivir el tiempo perdido.

El otro día contemplé algo que me dejo atónito. Una señora del barrio, que conozco de vista, estaba sentada en una terraza con su hijo ya sesentón que le comentaba las bondades que le supondría el usar bastón por la seguridad que ello le reportaría al ayudarle a mantener mejor el equilibrio.

Hasta ahí bien, pero no va y le contesta toda ofendida ¡Cómo voy a utilizar bastón a mi edad, es que crees que soy una vieja!.

Manda narices, luego me enteré que tenía 88 años.

Pero de que me extraño si vivimos en una sociedad en que ser viejo no se valora, ni se respeta. El tener la provecta edad de 88 años, el acumular conocimientos y vivencias, no solo no se respeta sino que simplemente a lo mas se tolera, rezando en el subconsciente del colectivo “joven” el cuando van a dejar de respirar un oxígeno del que ya llevan tiempo abusando.

No me extraña así que no quiera, ella ni nadie que se le perciba como débil y viejo.

Siempre se ha pensado que una sociedad es mas evolucionada cuanto mejor trata a sus mayores. Eso desde luego es así, y si miramos hacia atrás no podemos por menos que reconocer cuanto se ha evolucionado en la atención y cuidado a los mayores.

Pero no nos engañemos esto es solo aparente, sin duda se han venido realizando fuertes inversiones en residencias, hospitales geriátricos, apartamentos asistidos, centros ocupacionales de día, asistencia a domicilio, tele asistencia y un largo etc. Pero esto no se ha hecho solo por agradecimiento, respeto, amor y otras consideraciones y valores, tristemente se ha hecho por comodidad, votos y negocio.

Comodidad de aparcar si es posible lejos de casa la responsabilidad legal y moral hacia el mayor, votos porque cada vez son un número mas elevado el de este colectivo con el que se pueden ganar elecciones, y negocio porque en gran parte el dinero sigue estando en sus manos bien a través de sus pensiones, la propiedad del piso (principal ahorro del español), acciones o imposiciones a plazo.

Las personas de edad siguen siendo mayoritariamente titulares del dinero familiar, y por su bien, visto lo visto, yo les aconsejaría que no lo suelten hasta el momento final. Pero volvamos al tema principal que nos lleva a escribir estas líneas. Esta sociedad quiere vivir muchos años, pero no quiere ser vieja.

Es verdad que hace 50 años una persona con sus sesenta ya cumplidos era casi un anciano y hoy día no es así. Cierto es también que ahora se envejece mas saludablemente pero los años pasan lo mismo y las células se van deteriorando a la postre de igual forma.

La diferencia quizás radique en que con sesenta años antes uno era consiente de su edad y deterioro y ahora no queremos no solo no asumirlo sino ni tan siquiera pensar en ello.

Todos quizás conozcamos ese dicho de “la juventud es una enfermedad que se cura con los años”, el mundo antes estaba dirigido por y para personas con cierta edad.

Si vemos fotos de hace cien años vemos a jóvenes vestidos como sus abuelos, se trataba de una carrera que se iniciaba muy pronto para ganar respetabilidad, y eso solo se conseguía si se maduraba pronto. Nadie en aquella época quería parecer joven puesto que ello era síntoma de ausencia de experiencia y conocimiento, fiabilidad, confianza y desde luego de posición social y económica.

Al individuo se le respetaba en función de su edad, una persona mayor con independencia de su formación y posición en la sociedad tenía el don y el usted garantizado, amadrinado a sus años.

Se le escuchaba, consultaba, respetaba y obedecía.

Eso desde luego ha cambiado, ahora cualquier cantamañanas con granos en la cara se burla del conocimiento y autoridad de la persona de mas edad. Se creen estos listillos que lo saben, lo conocen y lo han experimentado todo y en consecuencia se vienen a situar en un plano de igualdad cuando no en posición de superioridad frente al mayor.

Desprecian otros conocimientos que no sean los suyos propios, es decir mangas, música tecno y ordenadores.

Ahora cualquier cagamandurrias te discrimina si no sabes “informática”. Hablan sin saber realmente lo que significan de wifi, usb, spam, pdf y demás siglas todo ello con sonrisa muy ufana de satisfacción.

Me hecho a temblar cuando preguntas la profesión a un joven y te dice que se mueve en el mundo de la informática y las nuevas tecnologías.

La cagó, con seguridad es semianalfabeto y lo único que tiene son dos neuronas medio aprovechadas y unas yemas de los dedos como morcillas de apretar botones.

¡Que horror! En fin cambiaremos de tema que me estoy calentando.

Desde luego en estos tiempos la edad no vende. Quien pierda un empleo y ahora desde luego es moneda tristemente habitual, con una edad superior a los 45 años que se ate bien los machos que lo tiene realmente crudo, aunque sea una persona con una trayectoria profesional impecable.

Cualquier jovenzuelo analfabeto pero “con conocimientos de informática” y chapurreando cuatro palabras cerveceras de Pub en ingles, es contratado sin pensarlo mucho antes.

En la Administración Pública en la que he trabajado y conozco, las cosas afortunadamente son diferentes, pero pena me da la gente de empresa sobre todo si trabaja en publicidad, relaciones públicas o ventas (y toda empresa al fin y al cabo vende algo sean productos o servicios), porque estos tienen que luchar especialmente con la arruga, el gramo y las canas. Se puede ser un viejo de carácter, pero hay que tener el físico fresco de la juventud. Ahora prima la “estética de la delgadez y la ropa de marca”.

Quien no tenga un cuerpo diez y no vista Calvin Klein, Boss, Abercrombie, Polo, Fendi, Gucci o Tommy Hilfiger, no esta en el mundo. Que estupidez rediòs.

El culto al cuerpo y por ende a parecer joven, deportivo, alegre y desenfadado se convierte en una obsesión cuasi religiosa. Pues bien yo me cisco en ese intento ramplón de parecer lo que no se es.

Hay que saber envejecer con dignidad y responsabilidad.

Propongo un sí al ejercicio moderado y la alimentación saludable, pero sin fundamentalismos talibanes, y desde luego también porque no, también de vez en cuando un si a un buen bocadillo de panceta, una morcilla o unos morros de cerdo, acompañado de una buena botella (monodosis) de vino tinto.

Es indignante el desprecio al gordo, cuando curiosamente nunca ha habido mas sobrepeso y obesidad que ahora.

Hay establecimientos públicos de copas que solo dejan entrar a “gente guapa”, gente que pueden ser impresentable en su modo de ser y actuar, pero como siguen unos patrones de estética “joven”, esto les da derecho a ejercer un cierto apartheid social.

En fin tengo la edad que tengo y desde luego reinvidico el bastón si te es útil, el sombrero si eres calvo o propenso al catarro, y los colores oscuros sin duda más sobrios y elegantes que los colorines de negro de Harlem que se empeña la industria textil de imponer. Termino, si termino reivindicando el tener y lucir la edad que se tenga, sin afeites, ungüentos ni operaciones de estética.

Ser tu mismo, envejecer con salud y alegría, odiar si se tercia el rock, el pop o el bacalao libremente y sin complejos de que te llamen momia o dinosaurio del cretáceo.

En fin reivindico el ser adolescente cuado se tiene 16 años, joven cuando realmente se es, y asumir el transcurso de los años con alegría de vivir y sin estúpidos complejos que te hacen realizar patéticas manifestaciones de lo que has podido ser pero ya no eres.

Hay que vivir intensamente el presente, porque no hay nada más triste que el intentar recuperar y revivir el tiempo perdido. Lo pasado, pasado esta.


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JOSÉ GIMÉNEZ DEL PUEBLO

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