www.retina.es

  • Increase font size
  • Default font size
  • Decrease font size
Noticias Nuestro punto de vista Muerte digna o vida digna

Muerte digna o vida digna

E-mail Imprimir PDF
vidaDesde hace años con cierta frecuencia y últimamente si cabe más tras la publicación de la llamada Ley de muerte digna en Andalucía, se viene a hablar de la necesidad de tener un final de vida digno. Me parece estupendo, pero porque no hablamos también de si esa muerte viene precedida de una vida digna.

Y ante una muerte o vida digna, yo me quedo con la segunda.

Quizás porque creo que la muerte en si misma es indigna.

Hablemos de dignidad, me gusta, pero sobre todo en vida. Y no veo ninguna dignidad en el hambre, en la enfermedad soportada existiendo medidas y fármacos paliativos, en el terrorismo, en el desempleo, en la ausencia de educación, en el trabajo de los niños, en el abuso sexual, en el abandono y descuido de los ancianos, en la violencia de género y en tantas y tantas cosas que sufrimos en vida, muchas veces innecesariamente.

Ahí entiendo es donde se debe meter caballos, donde sobre todo se debe luchar para obtener dignidad.

¿Y en el ocaso de la vida? También por supuesto, pero siempre solo después de una vida vivida con dignidad, pensemos en el tránsito a la muerte con dignidad.

Podríamos hablar de eutanasia activa, de suicidio asistido tema estos  es que tampoco deberían de espantarnos hablar. Son temas sin dudas delicados, y con delicadeza habría que tratarse pues hay muchas creencias profundas y sentimientos encontrados en ello, como los hay en el aborto y desgraciadamente no lo tratamos con la grandeza de miras y profundidad necesaria.

La Ley andaluza reza como Ley de derechos y garantías de la dignidad de las personas en el proceso de la muerte.

Así es, la muerte transcurre en un solo segundo, pero hasta llegar a ese segundo, bien pueden pasar muchos meses y a veces incluso años.

Me parece por ello muy bien que se hable de proceso porque es totalmente cierto  que llegar al acto último de vida  se llega a través de todo un proceso doloroso, que puede ser a veces interminable, y en todo ese proceso debe exigirse dignidad, no solo en el último momento.

Esta ley que en principio yo aplaudo habla de tratamiento del dolor, que incluye la sedación paliativa, de la autonomía de la voluntad del paciente, de la limitación de medidas de soporte vital, y de evitar el encarnizamiento y la obstinación terapéutica.

Todo eso está muy bien, pero creo que también hay otras cosas que nos olvidamos. Todo esto parece enfocado para organizar “el final”, pero que hay del antes de ese final.

Deberíamos hablar también de ello, porque me parece que también entra en ese llamado proceso de la muerte y a veces incluso mira por donde puede llegar a alejar la parca una buena temporada. Me estoy refiriendo a las esperas interminables para hacerse pruebas básicas de diagnostico, a intervenciones urgentes que demoran meses, a pasar días en pasillos sórdidos esperando habitación, a cuidados algunos de cierta complejidad que se dejan en manos de familiares o amigos que asisten al enfermo porque no hay medios humanos profesionales suficientes o se relajan por falta de control y estimulo.

Dice el político de turno que se hace todo lo que se puede, que no se puede hacer mas y que en sanidad todo el dinero es poco. No me lo creo, siempre hay formas y maneras de paliar en parte el problema económico. El copago, los fármacos monodosis, la utilización racional de los medios escasos con que contamos no de lunes a viernes sino las 24 horas los 365 días del año, la economía y el ahorro positivo de los recursos, que no vengan con gilipolleces. Seguro que se puede hacer más y no lo hacemos.

Y son muchos o mejor somos muchos los culpables, unos por acción y otros por omisión por votarlos y no ahogarlos por el cuello como a veces entrarían ganas.

Hace unos días murió una persona de mi entorno familiar político y aunque  no estuve presente, tuvo según me contaron eso que se ha venido a llamar muerte digna.

Murió  en un buen hospital privado, en una confortable habitación individual, con seres queridos a su alrededor, no los familiares del vecino de la cama de al lado, sin dolor ni medios agresivos que ralentizase el curso natural de los acontecimientos.

Sin duda un lujo, si se puede hablar de lujo hablando de estas cosas.

Oí una vez a un imbecil, que decía que cada uno tiene la vida que escoge y la muerte que se merece. Que estupidez, nadie merece nacer rico o nacer pobre, morir dulcemente o morir revolcándose de dolor y fluidos corporales.

Es posible que obtengamos al final algo de lo que hayamos sembrado en vida, pero no siempre es así, y en el caso que he referido no me consta que hubiese sembrado ni mucho ni bien.

¿Por qué entonces se tiene una muerte u otra? Será el azar, la genética, la casualidad...

¿Tal vez tenga algo que ver el dinero? Pues va a ser que sí. Aunque desde luego no siempre.

Tristemente el dinero no solo te facilita la vida, sino que también parece ser la muerte.

No parece justo, pero desde cuando la vida lo es.

Todo apunta a que hoy venimos a este mundo predeterminados socialmente a llevar una determinada vida y quizás también igualmente tener una muerte determinada.

Esto naturalmente no es del todo cierto, influyen a mi juicio otro factores que determinan el modo de vivir y de morir. Debemos de convenir que la salud juega un papel muy importante en la calidad de vida, y que se padecen enfermedades e incapacidades sin el menos atisbo de responsabilidad personal, sino que es la genética la que marca inescrutablemente el curso de los acontecimientos.

Nuestra naturaleza viene condicionada de tal forma que ni las mayores fortunas consiguen modificarlas aunque quizás si mitigar algunas de sus consecuencias, dulcificando y mejorando la calidad de vida.

Pues de eso se trata, de actuar en lo que si podemos decidir y mejorar.

En cualquier caso, si las posibilidades y oportunidades son distintas por mucho que las constituciones escritas o no lo digan entre dos ciudadanos de un país del primer mundo, como no será si esos dos individuos pertenecen a países de diferentes rentas y desarrollo social.

No, sin duda la vida no es justa.

quirofanoPero es lo que tenemos y hay países como el nuestro que sin ser especialmente ricos, si tienen los suficientes recursos y evolución social como para ofrecer servicios que hagan la vida mas digna y desde luego la muerte.

Así pues un rotundo si, a la ley andaluza ¿y por que solo andaluza? Esta claro que nos vamos a tener que ir a vivir a Bilbao y a morir a Cádiz. Me cisco en el sistema político de las autonomías. No hemos aprendido en mil años nada de cómo acabaron las Taifas andalusíes. Aquí si quería ver yo la memoria histórica. Algún día hablaré de ello.

Y termino con un sí a regular la eutanasia primando la autonomía de la voluntad del paciente sobre los principios religiosos impuestos y el encarnizamiento y tozudez de algunos médicos, pero también sí a poder morir en habitaciones individuales viendo caras conocidas con independencia del nivel de renta que uno tenga. ¿Debería haber algo mas democrático e igualitario que la propia muerte?

Pero también un sí rotundo por la salud y la vida, por la investigación y el uso debido de los medios materiales, por la asistencia espiritual, por el respeto a la diferencia y la discapacidad, por la educación en valores universales, por la igualdad de oportunidades, por una sanidad pública y universal, por una información delicada y veraz de la enfermedad, por un comportamiento sincero y ético de los profesionales de la sanidad con menos doctores House y mas decencia y humanidad en el trato, en definitiva un sí a la dignidad en vida a mi juicio sin duda mas importante y mas necesaria que en la muerte. Aunque también.

 

ASOCIACIÓN RETINA MADRID

LogoRetinaMadridalt

Envíe su donativo

Su aportación ayudará a la investigación y a la integración de personas con discapacidad visual.

Compartir en Facebook

Publicalo en tu perfil

Acceso



Asociación Retina Madrid


FUNDACIÓN RETINA ESPAÑA - C/ General Ricardos  127, 1ª planta  28019 Madrid  - Teléfonos 914456662 y 615362357 - info@retina.es