Dicen que en Aragón hay una cosa que nunca debes hacer y dos que es obligado hacerlo.
Nunca preguntar en Calatayud por la Dolores, y probar los adoquines “Los Mañicos”, así como subir el Moncayo.
Nuestro compañero Cándido y yo empezamos por hacer esto último, decidimos respirar el famoso aire del Moncayo, ese aire que todo lo cura y que hizo que los hermanos Bécquer, Gustavo Adolfo y Valeriano persiguiéndolo viniesen a descansar en el monasterio cisterciense de Veruela fundado este en 1146, y situado a pocos kilómetros de tan extraordinario monte.
Algunos capítulos de sus célebres Leyendas, como cartas desde mi celda, así como varias de las mejores pinturas de Valeriano fueron creadas en estos saludables parajes.
El Moncayo es el techo del sistema Ibérico con 2.316 m de altura, un coloso en un medio semiárido que divide Aragón (Zaragoza) y Castilla (Soria).
El día 11 viernes a las 5:30 PM quedamos emplazados por la SEMAD-FEMED que estimula el montañismo adaptado para personas con alguna discapacidad física, fundamentalmente visual. Como es sabido tenemos suscrito un convenio de colaboración con ellos y periódicamente nos informan invitándonos a acompañarlos en su ambicioso proyecto de coronar las alturas más elevadas de todos los montes de las provincias de España.
Doce personas en tres vehículos salimos cumpliendo horario en dirección a Tarazona, cuatro de ellos invidentes totales, que con la mayor de las ilusiones entregaban su confianza plena en quien con acreditada experiencia los dirigían.
Casi todos eran ya veteranos de otras jornadas y otras montañas.
El refugio de Nuestra Señora del Moncayo nos esperaba, un lugar delicioso perdido entre pinos, robles, hayas y abedules.
Cena recia y abundante, tal vez demasiado copiosa para la noche fue nuestra bienvenida.
Habitaciones austeras pero limpias y suficientes para descansar el cuerpo y el espíritu, generando las fuerzas necesarias para afrontar el reto del día siguiente.
Temprano porque estos envites deben enfrentarse con luz pero con la tibieza de un sol que despunta, desayunamos y preparamos los arreos básicos para una subida que se presenta con buen tiempo y en esta estación todavía sin nieve.
Pronto tuvimos montadas cuatro barras direccionales, instrumento este diseñado por Juan Antonio Carrascosa, médico y técnico en esta como en tantas jornadas de montaña.
Pocas cumbres pueden presumir en España de no haber sido pisadas por tan fiable montañero. La barra que calculo tendrá unos 3 m y no más de 5 kg de peso va dirigido por alguien de probada destreza en la montaña, en el centro se sitúa el montañero invidente, que va franqueada por una tercera persona que puede ser o no discapacitada, pero en cualquier caso con resto visual suficiente porque debe cumplir también con un cierto protocolo de apoyo al invidente.
La subida esta pensada para realizarla en tres horas, y dos para el tornaviaje.
El tiempo acompaña, el sol todavía tibio si bien pronto ante el ascenso de los primeros 200 m de desnivel, la ropa de inicio tan confortable en la fresca de la mañana hace que te sobre toda pasando rápidamente a formar parte del equipaje de la mochila.
Cada uno es libre de llevar lo que desee, si bien se aconseja pensar y medir lo que se acarrea. Todo peso superfluo es una carga inútil, si bien es conveniente cuando no necesario llevar diversas cosas algunas de ellas fundamentales.
Agua en razonable abundancia y algo de munición de boca, preferiblemente chocolate o frutos secos, mas bocadillo o sándwich para la cumbre es algo obligado. Protección solar, gafas de sol y sombrero o gorra con visera con visera es asimismo algo obligado. Llevar impermeable para la lluvia, aunque el día amenace ser de sol y moscas es conveniente puesto que el monte en una hora puede cambiar el tiempo de manera milagrosa.
Existen montañas en que la aproximación se va haciendo paulatinamente, pero el Moncayo no es una de ellas.
La subida empieza al pie del albergue y no te da tregua ascendiendo en todo momento, primero entre árboles, después entre arbustos por un sendero de piedra y más piedra en gran parte suelta, típica de todo glaciar.
La subida te hace pensar en muchas cosas, desde el que hago yo aquí cuando podía estar en mi cama o paseando por el parque que tengo cerca, a que afortunado soy de estar en contacto con una naturaleza salvaje superando dificultades hasta entonces inimaginables.
Creo responder por todos, que los dos pensamientos son concurrentes en según que momento o dificultad de la subida.
En la montaña hay dos momentos para mí mágicos, cuando coronas y tomas tu bocadillo respirando un aire que sabes que es único, que eres el primero en respirar, y la llegada de regreso cuando, si no ha habido incidentes valoras tu pequeña o gran hazaña personal, pensando como has sido capaz de hacerlo. El subidón algunos pueden que lo tengan al coronar, yo personalmente confieso que lo tengo al regresar.
Hasta la siguiente montaña| < Prev | Próximo > |
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