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| Crónica desde el Atlántico |
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El mar, para los peces y sus congeneres los marinos.
Refrán marinero.
Muchos pensamientos en turbonada me asediaban cuando embarcaba con la compañía TAP en vuelo regular a Lisboa para desde allí continuar el viaje hasta Ponta Delgada en la isla de Sao Miguel en las Azores.
Era consciente que el viaje que estaba a punto
de comenzar, era un viaje que la mayoría de las personas y amigos que conocía no solo no estaban interesados en hacer, sino que algunos pagarían incluso dinero por no realizar. Yo en cambio iba feliz como un niño y aun consciente del riesgo que la empresa podía suponer, el sabor de la aventura lo podía ya paladear tan pronto me vi en la terminal del aeropuerto de Barajas.
Decía Paul Bowles que solo merecen la pena las cosas que pueden terminar muy mal, y esta pensaba bien podía ser una de ellas.
Antes de salir había visto el parte meterológico para los próximos días en Internet y entrando en sinceros no mostraba este precisamente señales para navegar en dulce y con barnices de bautismo.
Pero ya me había comprometido en ir a recoger el barco que mi primo Manuel había dejado un mes y medio antes en la isla de Sao Miguel, al tener que regresar en avión precipitadamente tras agotar los días de vacaciones, y ahora tocaba hacer el tornaviaje a las Palmas donde tenia el barco su base y, debía ser ahora o a saber cuando se volvía a disponer de tiempo para recogerlo. ¡Ah el trabajo y sus miserias, que gran maldición gitana!.
Así pues, ya fuese con aguas a ritmo cortesano o bien revueltas en crestas, teníamos que navegar algo mas de 900 millas náuticas hasta las Islas afortunadas.
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