Sobre el Océano Atlántico,
Titán y yo estamos volando a bordo de un Boeing B767 de Delta Airlines con destino a Madrid. Hemos despegado del aeropuerto JFK de Nueva York a las ocho de la tarde y llegaremos a Barajas a eso de las nueve y media de la mañana, hora española.
Atrás se quedan 26 días de duro trabajo en Yorktown Heights, sazonado con una buena carga de sentimientos de todo tipo: esperanza, ilusión, nostalgia, preocupación, miedo a veces, satisfacción por ver que las cosas van saliendo poco a poco, etc. Y ahora viene con todo lo más difícil, la adaptación al nuevo entorno para el perro y a la nueva forma de moverse por la ciudad para quien lo utiliza, y todo eso sin el apoyo de una Jessy o una Melinda que te vayan diciendo lo que hay por delante..
Desde primera hora de la mañana, cuando he puesto la maleta sobre la cama para hacerla, Titán ha percibido que algo raro se estaba cociendo. No dejaba de mirarme sin apartarse de mí lo más mínimo. Hoy ha comido media ración de pienso y desde las once no ha bebido nada de agua, pues se trata de que no tenga necesidades fisiológicas hasta llegar al destino. De momento se está portando como un jabato.
La despedida ha sido muy emotiva. Todos los ya graduados como usuarios de perro guía nos vamos entre hoy y mañana, y se ha creado un ambiente de camaradería del que quizás se deriven amistades duraderas. También la gente de Guiding Eyes estaba allí para despedirnos, desde la enfermera hasta los de la cocina y, claro está, el equipo de adiestradores con Melinda, Jessy y Khrissy a la cabeza. Todos hemos hecho promesa de mantenernos en contacto, pero la vida luego te lleva por derroteros distintos y es difícil mantener la palabra. A todos se nos ha puesto un pequeño nudo en la garganta y a alguno se le han escapado unas lágrimas de emoción.
Jessy ha sido la encargada de llevarnos al aeropuerto y ayudarnos en los trámites de facturación, y ahí nos hemos quedado, solos Titán y yo, con una señorita del personal del aeropuerto como asistencia para el embarque, esperando a que fuese la hora de subir a este imponente avión desde el que escribo la crónica de hoy.
Por un lado quiero dormir un rato, dar al menos una cabezada, pero por otro me preocupa que Titán tenga alguna necesidad de moverse o lo que sea y yo esté dormido. El personal de vuelo se está volcando con nosotros, pero eso no quita para que la responsabilidad recaiga enterita sobre mí.
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Luis ha viajado a Estados Unidos para encontrarse y conocer al que será su nuevo compañero durante los proximos años: su perro guía. Desde allí escribe a diario su blog y nos cuenta sus vivencias y su proceso de adaptación con Titán.