Empiezo a estar cansado de tanto fariseísmo, estulticia y estupidez por parte de los políticos. Vivimos actualmente unos momentos en que te pide el cuerpo mandar a muchos de ellos a hacer puñetas, por muchas razones y una de tantas es por ese intento vacuo y ramplón de demonizar todo lo que con su cortedad y pocas neuronas no alcanzan a comprender. Últimamente les ha dado por criticar lo que el pueblo llano, si ese pueblo que dicen defender y representar, usa en su terminología coloquial para definir sin la menor carga de intencionalidad ni desprecio alguno para definir o explicar algo. Palabras y términos todos ellos que no solo están en el diccionario de la RAE, si no que se han venido a utilizar mal que bien toda la vida. Pues ahora consideran y decretan unilateralmente esta horda de políticos mamarrachos y cretinos que no, que no se deben usar sopena de ser tildado de políticamente incorrecto, porque se puede “herir susceptibilidades políticas no deseadas”. La madre que los parió.
Ahora al parecer es incorrecto el llamar maricón al que es maricón, moro al norteafricano, y al que es senegalés de la etnia wolof o al bambara de Malí con la piel como el azabache, negro.
Ahora te tachan de racista, homófobo, fascista, xenófobo o machista por hacer o decir lo que es obvio sin más.
Reivindico el utilizar las expresiones que se han venido utilizando toda la vida, como me “cago en los moros” como exclamación de contrariedad, enfado y/o cabreo. ¿Por qué no? Es indignante que estemos continuamente flagelándolo y midiéndolo todo para no herir vanas susceptibilidades. Basta de fustigarse innecesariamente.
El moro hace quinientos años que perdió la guerra y tuvo que marcharse de la península europea que es España y lo hizo después de ochocientos años. Sin duda no debió de ser fácil persistiendo en el sentimiento colectivo del español, ese recuerdo amargo del conflicto que desde entonces se han encargado desde su África natal de alimentar de una manera u otra.
Pues bien, ahora pretenden cuatro o cuarenta cagamandurrias de políticos anatematizar la expresión y a quienes la emplean. Evidentemente se trata de una expresión popular, barriobajera y ordinaria de ello no cabe duda, pero antigua, auténtica y saludable, que recuerda el sentir colectivo de un pueblo hacia otro sino enemigo sí históricamente hostil.
Me pregunto si será por la primera y escatológica palabra o por la supuestamente ofensiva segunda, por la que la critican desde sus potronas los impresentables y papa natas políticos que soportamos.
Mas de mil años lleva acuñada la expresión “moro” sin carácter peroyativo para definir al musulmán norteafricano y por extensión a todo individuo de etnia, cultura o tradición islámica.
Ahora parece ser que hay que llamar al moro, caballero musulmán o si no eres tachado inmediatamente de individuo xenófobo. Manda.... narices.
Pero ocurre con otras tantas y tantas cosas, por ejemplo si llevas prendido un pin o ciñes un cinturón con los colores nacionales, eres automáticamente considerado un fascista, un elemento apestoso de la peor calaña. Ósea que lucir los colores constitucionales en una sociedad democrática, en un estado de derecho, es considerado socialmente reprobable. Manda... narices.
No digamos ya referirse a un individuo oscuro como un tizón en una conversación coloquial sin escarnio ni mayor pretensión como negro porque esto pasa a ser considerado inmediatamente el peor pecado que uno puede cometer.
Individuo de color, nativo africano, cualquier cosa menos llamar negro a quien es negro sin mas consideraciones peyorativas. Miedo me da ya el tema del machismo y la homofóbia, porque ahí ya el asunto adquiere tintes kafkianos. Que no se le ocurra a un varón hacer el menor comentario sobre lo injusto y absurdo del tema de la cuota femenina, porque en segundos pasas a ser un hediondo machista de mierda. El defender el derecho del padre a la custodia de los hijos en la separación de la pareja es tema de “casus belli” para un séquito de mujeres furibundas que no aceptan en su mentalidad intolerante, radical y talibán que un hombre pueda obtener la custodia de los hijos. Por último que decir del victimismo y la mala uva de algunos homosexuales que te tachan de homófobo por cualquier majadería, eso si no intentan procesarte, que algunos jueces los hay que hasta aceptan a trámite denuncias insustanciales de este jaez.
En fin, me reafirmo en que uno debe ser como es sin tener que flagelarse continuamente, ni pedir perdón por tonterías. Yo en particular me alegro de haber tenido la educación abierta, liberal y tolerante que he tenido pero no reniego de los ligeros tintes de afirmación masculina como no puede ni debe ser de otra forma y que curiosamente son valores y sentimientos positivos inculcados por mujeres, por las propias madres.
Así pues, en mi caso particular seguiré llamando al africano oscuro de piel negro, como al escandinavo blanco sin que uno prime sobre el otro, al musulmán, moro y, a la casta política, chusma de energúmenos semianalfabetos, y créanme que pienso seguir siendo felizmente incorrecto. Con dos..... narices.| Próximo > |
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