Fuente: enpositivo.com

El grafeno es calificado como el material del siglo XXI, mucho más eficiente generando impulsos eléctricos. La aplicación del grafeno está revolucionando diversos sectores, también la oftalmología.

El proyecto THEIA (“Towards the implementation of a multi-electrode array for retinal prosthesis”) se encuentra en su segunda fase para implantar una retina de grafeno y abordar con eficacia la degeneración visual.

En una primera fase el proyecto THEIA demostró el potencial del nuevo dispositivo a través de pruebas “in vitro” con retinas de roedores. Con los fondos recibidos en la segunda fase del programa, se está desarrollando un prototipo flexible para realizar pruebas “in vivo” con modelos animales.

Hasta ahora los dispositivos convencionales, que insertan electrodos en contacto cercano con la retina, hechos de oro o platino, si bien no causan rechazo, no son capaces de generar un nivel de carga suficiente alto para una estimulación óptima de la retina.

Mientras que las prótesis actuales tienen unos 60 electrodos por aparato, las del grafeno podrían llegar a unos 1000 por prótesis.

Este proyecto es posible gracias al programa El BIST, una iniciativa científica de los 6 mejores centros de investigación de Catalunya (Centre for Genomic Regulation, The Institute of Photonic Sciences, Institute of Chemical Research of Catalonia, The Catalan Institute of Nanoscience and Nanotechonology, Institute for High Energy Physics y Institute for Resarch in Biomedicine) y que facilita el intercambio de conocimientos entre diferentes campos científicos y explorar nuevos enfoques para abordar cuestiones complejas.

Gabriel Silberman, director general del BIST explica la importancia de este proyecto “La vista es algo muy importante para casi todo, desde el desarrollo intelectual hasta las oportunidades económicas. Si no ves bien tienes un problema muy grave”.

Solución: unos implantes más potentes para abordar la degeneración visual causada por enfermedades como la retinosis pigmentaria, una dolencia que afecta a una de cada 3.700 personas en todo el mundo.