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Fuente: retinosis.org

Un equipo de investigadores ha desarrollado y probado con éxito la primera retina artificial ultrafina del mundo, un dispositivo flexible, basado en materiales 2D muy delgados, que podría algún día devolver la vista a los millones de personas con enfermedades de la retina. Además, con algunas modificaciones, el dispositivo podría usarse para rastrear la actividad del corazón y el cerebro.

Así lo explican las autoras del estudio, Nanshu Lu, de la Universidad de Texas en Austin, y Dae-Hyeong Kim, de la Universidad Nacional de Seúl, Corea del Sur, que han presentado su trabajo en la 256º Reunión Anual de la Sociedad Americana de Química. “Esta es la primera demostración de que se puede usar grafeno de pocas capas y disulfuro de molibdeno para fabricar con éxito una retina artificial”, explica Lu.

La retina, ubicada en la parte posterior del ojo, contiene células fotorreceptoras especializadas llamadas varillas y conos que convierten la luz entrante en señales nerviosas. Estos impulsos viajan al cerebro a través del nervio óptico, donde se decodifican en imágenes visuales. Las enfermedades como la degeneración macular pueden dañar o destruir el tejido de la retina, lo que lleva a la pérdida de la visión o la ceguera completa.

No hay cura para muchas de estas enfermedades, pero los implantes de retina a base de silicona han restaurado un mínimo de visión a algunas personas. Sin embargo, Lu detalla que estos dispositivos son “rígidos, planos y frágiles, por lo que con ellos es difícil replicar la curvatura natural de la retina”. “Como resultado, los implantes de retina a base de silicona a menudo producen imágenes borrosas o distorsionadas y pueden causar tensión a largo plazo o daño al tejido ocular circundante, incluido el nervio óptico”, apunta la investigadora.